Quienes
Somos | Nuestra Historia |
Fin del Instituto | Carisma
Espiritualidad |
Apostolado | Esclavitud
Mariana
Quienes Somos
La Familia Religiosa del Verbo Encarnado tuvo sus
comienzos en Argentina, el 25 de marzo de 1984, fundada por el padre Carlos
Miguel Buela.
Llevamos el nombre 'del Verbo Encarnado' en honor
al Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que fue el acontecimiento más
grande de la historia. Misterio en el cual centramos nuestra espiritualidad y
del cual tomamos ejemplo para poder concretar nuestro fin especifico: inculturar
el Evangelio, prolongando la Encarnación en todo hombre y en todas las
manifestaciones del hombre.
Por gracia de Dios, el pequeño grupo nacido hace
muy pocos años en la ciudad de San Rafael, Mendoza, ha florecido en diversas
partes del mundo. Actualmente posee en 26 países de los cinco continentes,
misioneros y misioneras consagrados a Dios según sea su vocación, religiosa o
laical.
La Familia Religiosa está formada por dos
Institutos religiosos y una tercera orden laical:
1- El Instituto 'del Verbo Encarnado' (IVE): es un
instituto clerical, es decir, la mayor parte de sus miembros son sacerdotes.
Contamos también con religiosos no clérigos llamados hermanos coadjutores. El
Instituto tiene dos ramas, una apostólica y una de vida contemplativa. El
Superior General actual es el P. Carlos Miguel Buela.
2- El Instituto 'Servidoras del Señor y de la
Virgen de Matará' (SSVM): es la rama religiosa femenina de nuestra Familia. El
Instituto está formado por hermanas tanto de vida apostólica como de vida
contemplativa. La Superiora General es la Madre Maria de Anima Christi van Eijk.
3- La Tercera Orden Secular, la rama laical o
asociación de fieles laicos; con diversos niveles de pertenencia, que incluyen,
en su nivel más alto, la consagración laical bajo voto.
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Nuestra Historia
Así relata el padre Carlos Miguel Buela, fundador
del Instituto del Verbo Encarnado, la inspiración de la gracia fundacional: 'El
domingo 3 de mayo de 1981, mientras estaba confesando en la vieja capilla de la
Parroquia 'Nuestra Señora del Rosario' de Villa Progreso, creo que antes de Misa
de 11 horas, ante el gran número de penitentes a quien sólo yo podía atender por
unos pocos minutos, me vino un pensamiento, que rechacé inmediatamente como
distractivo, sobre la necesidad de contar en las parroquias con comunidades
sacerdotales.
Luego de almorzar y dormir la siesta en casa de
mis padres regresé a la Parroquia y estando en la casa parroquial, sería entre
las 17 y 18 horas aproximadamente, me vino un pensamiento de que debía fundar
una congregación religiosa con tal certeza que nunca dudé ni pude dudar de que
Dios era el que quería eso. Igualmente hice discernimiento y examen para
analizar si había alguna causa previa que podría ser origen de ese pensamiento y
no la encontré... Enseguida llamé por teléfono al Padre Lojoya (a quien conocía
desde los 6 años, éramos amigos desde los 9 años) para relatarle lo sucedido'.
Dicho domingo 3 de Mayo era la fiesta del Señor de la Quebrada, advocación de un
santuario ubicado en San Luis (Argentina): 'La feliz coincidencia nos alegró aún
más, porque éramos muy devotos del Santo Cristo y habíamos predicado allí muchos
Ejercicios Espirituales con muchos frutos de vocaciones sacerdotales y
religiosas, y también, habíamos predicado varias Novenas Patronales...'
El paso siguiente -y necesario- era buscar la
aprobación de tal proyecto por un representante de la Iglesia jerárquica:
'Teníamos que encontrar un Obispo que avalara el proyecto...' Dicho obispo será
Monseñor León Kruk, obispo de San Rafael, Mendoza, Argentina .
El comienzo de la experiencia de vida religiosa
fue en la diócesis de San Rafael, una pequeña y humilde diócesis de Argentina,
ubicada en una pintoresca región del Sur de la Provincia de Mendoza, muy cerca
de la Cordillera de Los Andes. El inicio coincidió con la Fiesta de la
Anunciación del Señor, 25 de Marzo de 1984, día en que todos los Obispos del
mundo, en unión con el Papa, consagraban el mundo entero al Inmaculado Corazón
de María.
Los primeros años (1984 - 1988) fueron
intensamente vividos, con el fervor y entusiasmo propios de una obra nueva del
Espíritu Santo. A sólo un año de la fundación, una donación permitió que se
pudiera vivir la vida religiosa con la plenitud que se quería: se pudo adquirir
una pequeña finca en El Toledano, San Rafael; la 'finca' destinada a ser la Casa
Madre del nuevo Instituto. Con la aprobación del Obispo de San Rafael, se fundó
en dicho terreno la 'Villa de Luján'. La primera Misa fue celebrada el 22 de
febrero de 1985, Fiesta de la Cátedra de San Pedro.
Poco a poco el nuevo Instituto comenzaba a
extenderse más allá de los límites de la diócesis de San Rafael: el primer lugar
fue la diócesis de Añatuya, Provincia de Santiago del Estero. En 1987, el
Instituto del Verbo Encarnado traspasa las fronteras de su país de origen, dando
los primeros pasos en orden a concretar su proyecto misionero: en febrero se
funda la primera misión en el Perú: en la Parroquia de Limatambo, Diócesis de
Cuzco. En 1989 la presencia se extendía a Norteamérica: el 1 de julio entraban
los primeros sacerdotes del nuevo Instituto en la diócesis de Brooklyn, Nueva
York (EE.UU).
Pocos días después pudo concretarse algo que el P.
Buela quiso desde el principio para asegurar la formación de sus sacerdotes: una
casa en Roma, lo cual permitiría contar con una comunidad de sacerdotes que
pudieran perfeccionar sus estudios en las Universidades Pontificias de la Ciudad
Eterna. Se comenzó con una comunidad huésped en una casa de religiosas que nos
prestaban un sector de la misma para tal fin.
El 27 de diciembre de 1987, Fiesta de San Juan
Apóstol, se fundaba oficialmente el Seminario Menor. Había comenzado en el año
anterior muy pobremente en la Villa de Luján; luego trasladado a la Parroquia
San Maximiliano Kolbe (primera parroquia del Instituto en San Rafael), hasta
pasar a su destino definitivo.
En el año 1988 se fundaron: el Noviciado masculino
(el 22 de Febrero), con el nombre del primer miembro fallecido de nuestra
congregación: el seminarista Marcelo Javier Morsella; la Rama femenina de
nuestro Instituto con el nombre de 'Servidoras del Señor y de la Virgen de
Matará' (el 19 de Marzo, fiesta de San José); el primer Monasterio de la Rama
contemplativa masculina, el Monasterio 'Del Verbo Encarnado' (el 25 de
Diciembre). Ese mismo año, el 23 de Septiembre, tuvo lugar el Iº Capítulo
General Ordinario. El P. Buela quería, dentro de sus posibilidades, vivir la
vida religiosa según las normas del Derecho Canónico. Así fue que, entre otras
cosas, dispuso que las autoridades del nuevo Instituto fueran establecidas por
elección.
Los años subsiguientes fueron de gran crecimiento,
aunque en medio de algunas incomprensiones y dificultades. Un acontecimiento
clave para el Instituto fue la fundación del Seminario religioso propio, ya que
hasta ese momento los religiosos concurrían a clases al seminario diocesano,
también a cargo del Instituto hasta el año 1990. El 16 de abril de dicho año, el
Obispo de San Rafael autorizaba la fundación del nuevo seminario, que comenzó a
funcionar en la Villa de Luján con el nombre de Seminario Mayor 'María Madre del
Verbo Encarnado'. El hecho de contar con un Seminario propio facilitaría la
tarea de formar a los seminaristas religiosos de acuerdo al fin específico del
Instituto, por ejemplo, la posibilidad de estudiar griego, hebreo y las lenguas
modernas; enfatizar la dimensión pastoral de la formación; encarar el estudio
filosófico-teológico mediante el uso de los textos mismos de Santo Tomás;
incorporar como instrumentos de trabajo la computación; organizar Jornadas
Tomistas y Jornadas Bíblicas; contar con revista y ediciones propias;
seleccionar mejor los profesores; etc.
Otro acontecimiento importantísimo la culminación
de la redacción de las Constituciones del Verbo Encarnado, en el año 1992, las
fundaciones en Rusia y Jerusalén y Taiwán (1993), Ucrania (1994). Así hasta el
IIº Capítulo General Ordinario, celebrado en agosto-septiembre de 1994, que
entre otras cosas aprobó internamente las constituciones y directorios del
Instituto, además de organizar las provincias, las autoridades, las maneras y
los tiempos de elección.
Los años 1995-2001 marcaron un tiempo de especial
prueba para el Instituto, pues se sucedieron en dicho período tres comisarios
pontificios, que tuvieron a cargo el gobierno de aquel, quedando suspendido el
gobierno propio. Los comisarios fueron los sacerdotes José Antonio Rico O.S.B.
(1995-1998), Aurelio Londoño C.M. (1998-1999), y S.E. Monseñor Alfonso Delgado,
entonces obispo de Posadas, Argentina (1998-2001). Aún en medio de las pruebas,
al Instituto le fue confiada por parte de la Santa Sede una 'Missio sui iuris'
en un país asiático, de la ex Unión Soviética. Se trata de Tajikistán. Una
decisión ulterior de la Santa Sede, comunicada por carta con fecha 11 de Abril
de 2001, determinaba que la casa general del Instituto debía trasladarse a la
diócesis de Velletri-Segni (Italia), y que debía formarse un gobierno provisorio
con la explícita misión de convocar un capitulo general. El II° Capítulo General
Extraordinario se realizó en Segni, entre el 21 y el 28 de Mayo de dicho año.
Fue elegido nuevamente el Padre Carlos Buela como Superior General. Muchos y
nuevos pedidos de fundaciones han llegado desde entonces, de diversas partes del
mundo, muchos muy urgentes y tantos que están aún a la espera de contar con
sacerdotes suficientes a fin de poder satisfacerlos. El hito hasta ahora más
importante es el que estamos festejando actualmente, la erección canónica del
IVE como Instituto religioso de derecho diocesano, con decreto firmado por S.E.
Monseñor Andrea María Erba, obispo de Velletri-Segni, el 8 de Mayo de 2004.
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Fin del Instituto
El fin que nos proponemos es doble: Por un lado,
un fin universal, por el que buscamos la Gloria de Dios y la salvación de las
almas. Por otro lado (fin específico), comprometemos todas nuestras fuerzas para
inculturar el Evangelio, o sea para prolongar la Encarnación en 'todo hombre,
todo el hombre, y en todas las manifestaciones del hombre', de acuerdo con las
enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.
Fin universal
Como todo Instituto de vida consagrada, tenemos un
fin universal y común -que suele denominarse vocación- por el que queremos
seguir más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, para que
entregados por un nuevo título a su gloria, a la edificación de su Iglesia y a
la Salvación del mundo, consigamos la perfección de la Caridad por medio de la
profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. De este
modo deseamos unirnos de modo especial a la Iglesia y a su misterio.
Existe también un fin universal propio de todo
instituto de vida religiosa, el cual no es otro que la consagración total de
nuestra persona, manifestando el desposorio admirable establecido por Dios en la
Iglesia, signo anticipado de la vida del Cielo.
Esto se manifiesta en que formamos una familia,
emitimos votos públicos y vivimos una vida fraterna en común. El testimonio
público que queremos dar conlleva un apartamiento del mundo.
Fin específico
Queremos, como fin específico y singular,
dedicarnos a la evangelización de la cultura, es decir, trabajar para
'transformar con la fuerza del Evangelio
-los criterios de juicio,
-los valores determinantes,
-los puntos de interés,
-las líneas de pensamiento,
-las fuentes inspiradoras,
-los modelos de vida de la humanidad';
'para que estén imbuidos de la fuerza del
Evangelio
-los modos de pensar
-los criterios de juicio
-las normas de acción',
pues no podemos olvidar que el Concilio Vaticano
II ha señalado que: 'El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser
considerado como uno de los más graves errores de nuestra época' (Gaudium et
Spes, 43) y ello se debe en gran medida a que el mundo 'se ha ido separando y
distinguiendo, en estos últimos siglos, del tronco cristiano de su
civilización', lo cual ha conducido a la descristianización de la cultura.
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Carisma
Por el carisma propio del Instituto, todos sus
miembros deben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la
impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente
humano, en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas.
Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en
concreto, para prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los
medios de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda legítima
manifestación de la vida del hombre.
Es el don de hacer que cada hombre sea, 'como una
nueva Encarnación del Verbo', siendo esencialmente misioneros y marianos.
Por eso, la misión, recibida del fundador y
sancionada por la Iglesia, es llevar a plenitud las consecuencias de la
Encarnación del Verbo, que es el 'compendio y raíz de todos los bienes', en
especial al amplio mundo de la cultura, o sea a la 'manifestación del hombre
como persona, comunidad, pueblo y nación.
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Espiritualidad
Consideramos que nuestra Espiritualidad debe estar
profundamente marcada por el misterio de la Encarnación en sus múltiples
aspectos.
Queremos estar anclados en el misterio sacrosanto
de la Encarnación, que es 'el misterio primero y fundamental de Jesucristo', y
desde allí lanzarnos osadamente a restaurar todas las cosas en Cristo (Ef 1,10).
Queremos ser otra Encarnación del Verbo para encarnarlo en todo lo humano.
La religión católica 'es una doctrina, pero sobre
todo es un acontecimiento: el acontecimiento de la Encarnación, Jesús,
Hombre-Dios que ha recapitulado en sí el Universo (cf. Ef 1,10). 'Imposible es
encontrar algo semejante al misterio de la Santísima Trinidad y de la
Encarnación'.
Del hecho de la Encarnación redentora queremos
sacar luz y fuerzas siempre nuevas, ya que Jesucristo es fuente inexhausta de
Ser, de Verdad, de Bondad, de Belleza, de Vida, de Amor.
¿Por qué 'anclados en el misterio de la
Encarnación'?
Porque deseamos vivir intensamente las virtudes de
la Trascendencia, la Fe, la Esperanza y la Caridad, a fin de ser sal y luz del
mundo, sin ser del mundo.
Porque queremos vivir intensamente las virtudes
del anonadarse: humildad, justicia, sacrificio, pobreza, dolor, obediencia, amor
misericordioso... en una palabra tomar la cruz (cf. Mt 16,24).
Hay que estar en el mundo y asumir en Cristo todo
lo humano. No asumiendo solo lo que no es asumible, como el pecado, el error, la
mentira, el mal.
Para ello tomamos, como elementos fundamentales
para permear con el Evangelio las culturas, las enseñanzas de la Constitución
Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, las exhortaciones apostólicas
Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae; discursos del Papa Juan Pablo II, el
documento de Puebla, la Carta Encíclica Slavorum Apostoli, la Carta Encíclica
Redemptoris Missio, la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, y
todas las futuras directivas, orientaciones, enseñanzas del Magisterio ordinario
de la Iglesia que puedan darse en el futuro sobre el fin específico de nuestra
pequeña familia religiosa.
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Apostolado
De manera especial, queremos dedicarnos a la
predicación de la Palabra de Dios más tajante que espada de dos filos (Heb 4,12)
en todas sus formas. En el estudio y en la enseñanza de la Sagrada Escritura, la
Teología, los Santos Padres, la Liturgia, la Catequesis, el Ecumenismo, el
diálogo interreligioso, etc. En la realización de misiones populares, ejercicios
espirituales, educación y formación cristiana de niños y jóvenes, según el
método de los Oratorios, obras de caridad con los más necesitados (niños
abandonados, minusválidos, enfermos, ancianos) mediante la fundación y trabajo
en 'Hogarcitos'.
También en la búsqueda y formación de idóneos
ministros de la Palabra, en la publicación de revistas, tratados, libros, etc.,
y en otras cosas. Por el verbo oral y escrito queremos prolongar el Verbo.
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Esclavitud Mariana
Para alcanzar esta disposición de suma, total e
irrestricta docilidad al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo (cf. Rom
8,9), necesitamos que la Santísima Virgen sea el modelo, la guía, la forma de
todos nuestros actos, por todo lo cual, con todas las fuerzas del alma, y del
corazón, hoy y siempre, decimos: '¡TOTUS TUUS, MARIA!'
Es también nuestra intención manifestar nuestro
amor y agradecimiento a la Santísima Virgen... a la par que obtener su ayuda
imprescindible para prolongar la Encarnación en todas las cosas, haciendo un
cuarto voto de esclavitud mariana según San Luis María Grignon de Montfort. El
espíritu de nuestra familia religiosa no quiere ser otro que el Espíritu Santo y
si degenera en otro, desde ahora y desde cualquier lugar, comprometemos nuestra
súplica para que el Señor la borre de la faz de la Iglesia.
Sólo en la más absoluta fidelidad al Espíritu
Santo se puede usar diestramente la espada del Espíritu que es la Palabra de
Dios (Ef 6,17). Nuestro pobre aliento únicamente es fecundo e irresistible si
está en comunicación con el viento de Pentecostés.
Para alcanzar esta disposición de suma, total e
irrestricta docilidad al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo (cf. Rom
8,9), necesitamos que la Santísima Virgen sea el modelo, la guía, la forma de
todos nuestros actos, por todo lo cual, con todas las fuerzas del alma, y del
corazón, hoy y siempre, decimos: '¡TOTUS TUUS, MARIA!'
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